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Max Rudgers es MAX MADERA «La madera como material de construcción para recuperar la tradición y el orgullo del artesano»

Max Madera

Desde muy pequeño Rutgers sintió una gran atracción por los elementos naturales. Empezó a los quince años, quería tallar piedra cuando descubrió su verdadera pasión por la madera en Les Compagnons du Devoir. Se formó en este centro francés como maestro estructurista. «Pese a no haber oído hablar nunca de este oficio, supe que es lo que quería hacer. Empecé como aprendiz y cada día me fue gustando más, tanto la geometría descriptiva, como el trabajo en altura al aire libre y el espíritu de equipo, ya que a diferencia de los carpinteros de interior o los ebanistas, los maestros de estructura no podemos trabajar solos y pasamos mucho más tiempo en la obra que en el taller.»

La principal característica de este centro de formación se basa en la transmisión del oficio de maestro a aprendiz, enfatizando tanto el conocimiento técnico como la experiencia. Por este motivo, parte del aprendizaje de Rutgers tuvo que ver con el viaje, que «te permite adaptarte a las distintas maneras de trabajar y también te enriquece como persona. Cada región tiene conocimientos locales y por eso trabajar con un artesano significa volver a los orígenes, al conocimiento del material».

Aprovechando el desconocimiento que existe en España del charpentier o carpintero estructurista, Max Madera se ha abierto camino a través de encargos exigentes y proyectos de estructuras con madera, como la cúpula del Mas Marroch para los hermanos Roca, o los restaurantes Draulic y Antaviana. «Nos gusta trabajar en proyectos complejos porque disfrutamos de los retos. Todo aquel que ama su trabajo y lo valora entiende el material y sabe solucionar los problemas técnicos para ser más creativo y adaptarse a los requisitos del cliente.»

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Max Madera se define por la pluralidad de sus obras, conseguida gracias a la experiencia y el conocimiento técnico del oficio. Mantienen la esencia que el cliente quiere impregnar en el espacio, incorporando las ideas y los conceptos abstractos en el proceso de diseño de la construcción, que se concretan en un carácter propio. «Si una obra funciona es porque el arquitecto y el artesano se han puesto de acuerdo. A través de la confianza y el trabajo conjunto todo es más fácil. En el proyecto de Mas Marroch, por ejemplo, hice la estructura de la cúpula en 3D para poder trabajar en equipo. En el restaurante Antaviana colaboré con Rosa Cullell para crear un espacio diáfano y sin pilares, en el que la prioridad es la luz natural. En el Draulic se necesitaba un lugar que congeniara con el espíritu de la alta cocina y que llamara la atención.»

Según nos cuenta Rutgers, cada vez hay más interés por la madera, ya que en el ámbito ecológico es el único material que es al mismo tiempo estructural y aislante. Además, es muy resistente y pesa diez veces menos que otros materiales como el hormigón. Durante su vida útil consume menos porque aísla y ofrece opciones térmicas más sostenibles para la construcción. «Toda la madera que utilizamos viene de cultivos sostenibles y cercanos de Km 0. En lugar de extraerla, se cultiva para ir renovando los árboles. Tampoco necesita un proceso de transformación complicado y por lo tanto tiene muy poco impacto energético. Vivir en estancias de madera es más saludable porque absorbe la humedad del lugar y la restituye. Hay un intercambio entre el aire, el ambiente y el material. Y no emite nada nocivo, es libre de químicos. La madera tiene un valor añadido: ofrece una sensación de comodidad y recogimiento, bienestar y confort.»

Para seguir divulgando su oficio, Rutgers transmite sus conocimientos a través de talleres y cursos sobre patrimonio y bioconstrucción en la Universidad de Girona, GRETA y l’Escola d’Oficis Brugulat de Banyoles. También ofrece prácticas en Max Madera para estudiantes internacionales.

«Los jóvenes se interesan ahora por los trabajos manuales y se está formando una consciencia que busca alternativas a lo que ya existe. Quieren conocer las técnicas tradicionales porque al final vemos que el mundo y la manera de construir de hoy en día ya no es sostenible. Esto es lo que se tiene que revalorizar. No tengo la pretensión de ser un gran empresario sino de vivir como un artesano respetado.»//Per Azucena Moya Fotos Andrea Ferrés

www.maxmadera.com

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