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El Empordà de Javier Cercas

Entrevistamos a Javier Cercas poco antes de Sant Jordi. A pesar de lo que esto supone para un escritor, nos concede parte de su tiempo amablemente. Con naturalidad y simpatía, contesta nuestras preguntas sobre su relación con el Empordà.

CamiVentallo

¿Cuál es tu relación con el Empordà?
Yo he tenido mucha relación con el Empordà desde siempre. Llegué para vivir a Girona con mis padres a los cuatro años; entonces obviamente íbamos a menudo, sobre todo para ir a la playa. Pasábamos los veranos y, de manera natural, era la zona para pasar el tiempo libre. Después, cuando he sido mayor, de chaval, he ido mucho al Empordà. Cuando digo mucho quiero decir mucho. Por ejemplo, si salía los sábados por la noche, iba a L’Escala, L’Estartit, a bares, discotecas… A La Bisbal, que era una ciudad con mucha actividad. En mi época —quiero decir a mis 16 o 18 años—, Girona no existía, no había vida nocturna. Para mí, las noches más memorables de mi vida transcurrieron aquí.
¿Recuerdas momentos especiales ?
De hecho, yo tengo el orgullo de haber sido de los primeros en haber frecuentado uno de los mejores bares del mundo, que es el Mariscal, en L’Estartit. Casi lo inauguré, cuando yo llegué no iba nadie. El Mariscal para mí es uno de los locales mejores del mundo, totalmente en serio. Sobre todo, como bar musical, es fantástico. He vuelto a ir hace un par de años y me pareció formidable, continúa siendo igual, manteniendo su esencia.
Pero había muchos otros sitios. Por ejemplo, yo no he sido muy de discotecas, igual fui dos o tres veces al Marokko, pero es como si hubiera ido toda la vida. Porque para mí fueron unas noches extraordinarias. Recuerdo especialmente una noche en Montgó. Estaba amaneciendo y va, y se baña una chica en el mar desnuda. Y claro nos quedamos todos… teníamos 17 o 18 años, fue una experiencia casi religiosa, como diría Enrique Iglesias. De hecho hay una escena fundamental en mi novela Las leyes de la frontera que transcurre en el Marokko.
¿Un lugar especial?
Hay un sitio que me encanta —porque allí he pasado algunos de los mejores veranos de mi vida—, que es Calella de Palafrugell.
Actualmente, ¿sigue viva tu relación con el Empordà?
Mi sitio es Verges ahora mismo. Estoy casado con Mercè Mas, que tiene mucha relación con el Empordà, porque vivió muchos años allí; y claro, tiene mucha familia, como los Auquer; mucha familia y muchos amigos. Permanentemente he tenido casas alquiladas en el Empordà: Rupià, Parlavà, siempre en torno a lugares donde estaba la familia de mi mujer. Solíamos ir cada fin de semana o pasábamos el verano allí. Íbamos con mucha frecuencia. Pero es que hace dos años me compré una casa en Verges. Ahora, cada fin de semana, voy a Verges, excepto cuando estoy fuera, que estoy fuera demasiado…
Por lo demás, el último libro que he publicado, El impostor, lo escribí en Verges completamente.
¿Cómo transcurrió la experiencia ?
Me encerré en esa casa y durante casi un año estuve yo solo, porque mi mujer y mi hijo venían el fin de semana. Me encerré ahí y mi campo básico fue Verges. Yo fui extraordinariamente feliz ahí, retirado con mi perra, haciendo con ella vida casi marital. Porque, añado, Verges me encanta en particular, porque hay una vida, a diferencia de Rupià o Parlavà, digamos, real. Hay restaurantes, el bar de la plaza, el mercado, hay farmacia, hay supermercado, hay hasta cura. Y está muy bien comunicado. Y, esto hay que decirlo, la gente es excelente, es muy respetuosa, educada; este mito del ampurdanés salvatge, es un mito. Si tú quieres conversación, tienes conversación, pero, si quieres trabajar, puedes trabajar… A mí nadie me molestó nunca. Verges ha sido fuente de concentración; tengo una vida súper ordenada. He soportado la tramontana —este año ha sido tremenda—; al final cansa, pero no me perturba; salía a correr por las mañanas igual. En fin: una vida ideal para un escritor.//

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